miércoles, 23 de noviembre de 2011

Sordera, un gran motivo para aislarse de la sociedad.

Al hacerse mayores, la función auditiva va disminuyendo, sumándose al debilitamiento del resto de funciones sensoriales, haciendo que la persona que sufre de sordera no llegue a adaptarse socialmente con el resto de la sociedad y comience a aislarse.
A medida que vamos envejeciendo, vamos perdiendo audición. Las causas de este suceso son muchas, como:

     Degeneración de los vasos que llevan la sangre al oído.
     Alteraciones de las vías acústicas (nervios).
     Alteraciones de las zonas auditivas cerebrales.

La influencia familiar es muy importante, ya que el desgaste del oído está muy relacionado con la genética.
En aproximadamente la mitad de los pacientes ancianos que sufren una pérdida de audición, se observa también una hipersensibilidad a un tono de voz alto, de tal modo que un volumen de voz que sería aceptable para una persona normal se convierte en intolerable para un anciano con presbiacusia o sordera.
Este problema va a ser peor con el paso de los años, puesto que ya se presentan muchos casos de sordera en adolescentes por el mal uso de aparatos de música y su elevado volúmen.


¿Cómo se detecta? En general, a los 60 años, se observan trastornos reales de la audición. Se dejan de percibir sonidos habituales, como el tic-tac del reloj, el timbre de la puerta o el teléfono.  Por otro lado, se experimenta gran malestar en lugares ruidosos, sobre todo cuando se quiere seguir una conversación con varios interlocutores.

Para una persona anciana resulta esencial poder comunicarse con los demás, sobre todo con los más jóvenes. Por eso se aconseja el uso de un aparato acústico en cuanto se presenta el problema de la sordera. La principal característica de la sordera del anciano es precisamente la disminución de la capacidad de entender (aparte de la de oír) las conversaciones.

¿Qué podemos hacer?

Lo primero que podríamos hacer es eliminar el tapón de cera del oído externo que se observa en alrededor de un tercio de los pacientes ancianos que evidencian sordera. En ocasiones, su extracción ha permitido restablecer una capacidad auditiva aceptable y suficiente.
El segundo paso consistirá en hacer que el anciano acepte un aparato acústico a su medida y en ofrecerle toda la asistencia y ayuda necesarias, también en lo referente a la utilización del aparato.
Las prótesis auditivas constituyen el método más eficaz de readaptación social del anciano que manifiesta cierta tendencia a aislarse incluso en familia, ante los continuos equívocos a los que le conduce su mala comprensión.

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